lunes, 8 de julio de 2013

Teodorín, un delfín adicto al lujo



07/06/2013 - Pedro García Luaces
 
El previsible sucesor de Teodoro Obiang es un adicto al lujo que colecciona deportivos, obras de arte y mansiones, aunque nadie ha sabido dar una pista sobre su aptitudes para dirigir el país. 

Obiang padece una grave enfermedad que podría ser cáncer de próstata y en Guinea es un secreto a voces que se trata en clínicas europeas y que pronto tendrá que delegar. 

El delfín en Guinea se llama Teodorín Obiang y sobre su futuro al frente del Gobierno hay más que dudas razonables. Los que le conocen dicen que tiene un carácter irascible y un apego irracional por los objetos de lujo. Posee una flota de Lamborghinis, yates y mansiones dispersas por las principales ciudades del mundo y se dice que le gusta combinar el color de sus zapatos con el de su coche. Francia le precintó hace un año un hotel de 5.000 metros cuadrados junto al Arco del Triunfo que usaba como residencia particular y en Estados Unidos se ha hecho con una mansión en Malibú pegada a la de Mel Gibson. Sobre sus aptitudes para dirigir el país, nadie es capaz de dar una pista. 

Cuando miembros de la oposición oyeron a Obiang decir que nunca se le ocurriría dejar el poder en manos de un estúpido, todos pensaron que se refería a su hijo. Quizás el dictador confía poco en él pero tampoco tiene demasiadas alternativas. No ayudan a la candidatura de Teodorín sus problemas con la Justicia, con causas abiertas en Francia y en Estados Unidos. De su hotel residencia en París, en plena avenida Foch, se llevó la Policía francesa en febrero del año pasado tres camiones repletos de objetos de decoración por valor de 40 millones de euros. La incautación responde a dos denuncias por corrupción interpuestas por dos ONG. En EEUU sospechan que Teodorín trata de blanquear el dinero del petróleo y que emplea empresas fantasmas. 

Amante del lujo

En febrero de 2009, Teodorín Obiang pasó la mañana en una subasta de la conocida casa Christie’s y pujó hasta 18 millones de dólares por una parte del legado artístico de Yves Saint Lauren. Aquella fue la subasta más cara de una colección privada en toda la historia de Christie’s. Una forma absurda de poner el foco internacional sobre la fortuna secreta de un funcionario con un sueldo oficial de 50.000 euros al año. Ajeno al problema, Teodorín se pasea por París, Río o Malibú acompañado de un enorme séquito donde hay sitio para chefs, asistentes, mecánicos para sus coches y dos turnos de equipos de seguridad. Por lo demás, cuando viaja, su vida no difiere mucho de la que lleva en Guinea: “Noche, putas, alcohol y coca”, según confesó uno de sus ex empleados.

 A Teodorín le gusta viajar con maletas repletas de dinero. En cierto modo, es la solución más asequible para ir dando salida a lo mucho que le sobra a su padre. Un nieto adolescente de Obiang fue acusado en 2009 de robar fajos de billetes de un arcón del abuelo para regalárselos a sus amigos. También se sabe que un funcionario corrupto almacenaba su dinero en el coche y un día, uno de sus colaboradores se lo llevó fuera del país y nunca lo volvió a ver. Incluso hay quien lo enterró en el jardín para desenterrarlo después completamente podrido. Son las cosas de la cleptocracia.

Con Teodorín ese problema no existe porque él gasta casi tan rápido como su padre acopia. El delfín de Guinea se mueve en jet privado como si fuese en taxi, compra mansiones al lado de las estrellas – junto a Mel Gibson en Malibú y junto a Farrah Fawcett en Beberly Hills – y acumula coches deportivos de forma grosera. Tiene 26 coches y seis motos, todos de gran cilindrada, entre los cuales se encuentran tres Bugatti Veyron, capaces de alcanzar los 407 km/hora, además de Ferraris, Maserati y Rolls Royce. En 2005 alquiló el yate del magnate de Microsoft, Paul Allen, para ir de crucero con su novia de entonces, la cantante de rap Eve, por 550.000 euros.

Una vez, una cadena de televisión grabó divertida cómo compraba treinta trajes de diseño exclusivo de una sola vez, lo que a tenor de sus otras hazañas parece una compra razonable. Sobre todo si la comparamos con el encargo, reconocido por el Gobierno guineano, del diseño de un yate a la compañía alemana Kusch Yatchts que le habría de costar 288 millones de euros. También se sabe que en una ocasión envió a su piloto privado de Los Ángeles a Río de Janeiro para traer a su peluquero.

Una de las grandes frustraciones de Teodorín es no haber triunfado en la música, aunque creó su propio sello discográfico de hip hop, TNO Entertainment, bautizado con sus iniciales, en el que se dejó casi 20 millones de euros. El sello se dedicó a promocionar la fallida carrera de su dueño en el mundo del rap y a organizar fiestas costosas, produciendo un solo disco que fue un absoluto fracaso comercial.  

Camino a la presidencia

Los inversores internacionales no creen que Teodorín Obiang sea el perfil más apto para garantizar sus intereses pero su padre, de momento, le ha nombrado vicepresidente de Defensa, un cargo creado para él que no estaba previsto en la Constitución, aunque nadie en Guinea se echaría las manos a la cabeza por esa menudencia. Obiang padece una grave enfermedad que podría ser cáncer de próstata y en Guinea es un secreto a voces que se trata en clínicas europeas y que pronto tendrá que delegar.

La fuerza de Teodorín reside en su madre Constanza, verdadera artífice del asalto de su hijo a la carrera sucesoria. “Constancia Mangué es la principal valedora de Teodorín debido a la influencia que tiene sobre su marido, aunque se desconoce el apoyo que tiene ella. En cualquier caso, dada su ambición y su poder, quedaría muy mal parada si pierde en su apuesta”, afirma el escritor guineano Juan Ávila Laurel.

Entre los aspirantes, destacan dos nombres: el hermano del dictador, Armengol Ondo Nguema, uno de los hombres más influyentes del clan que además es jefe de la seguridad nacional y por tanto será clave en las filas de cualquier candidato que quiera perpetuar el régimen; y el hermano de Teodorín, Gabriel, mucho más discreto, aunque también cuenta con alguna causa abierta, precisamente en España, por la compra de dos pisos que conducen al patrimonio oculto de Obiang.